La siguiente es una denuncia que busca no seguir agregando números a las estadísticas o muestreos sobre que ciudad en nuestro país es la que tiene la taza más alta de feminicidios, lo que buscamos es la reflexión sobre como nos relacionamos en términos de convivencia pues si bien nuestra sociedad esta cimentada en la distribución sexual de los papeles de hombre y mujer cabria la cavilación respecto al modo en que miramos al otro o a la otra (madre, padre, hija, hijo, hermana, hermano, etc).
Amnistía Internacional ha documentado sesenta agresiones sexuales contra mujeres indígenas y campesinas por parte de las Fuerzas Armadas entre 1994 y 2006, especialmente en los estados de Guerrero, Chiapas y Oaxaca. Por otra parte, en Ciudad Juárez, Chihuahua —la “joya” nacional de la industria maquiladora y el tráfico de droga hacia Estados Unidos—, durante el periodo de vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte se convirtió en el emblema mundial de la violencia de género en contra de las mujeres, no sólo por los quinientos asesinatos registrados, sino también por sus cinco mil mujeres desaparecidas. No obstante, el feminicidio ya se ha extendido a otros estados del país, al tiempo en que las redes de secuestro, trata y esclavitud sexual de mujeres, muy especialmente de niñas y niños, también crecen aceleradamente en todo el país (por ejemplo, en los estados de Puebla, Tlaxcala, Quintana Roo y Estado de México, entre otros).


















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