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Guadalupe Cruz Jaimes

  • La rebeldía de más de 16 mil ex trabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro que no han cobrado su liquidación se sustenta en el apoyo económico y emocional de sus esposas y familiares, que quedaron a cargo de la manutención de sus hogares.

Ellas son esposas, madres e hijas de ex trabajadores de Luz y Fuerza del Centro (LFC), también llamadas Mujeres de Luz, quienes decidieron respaldar el movimiento del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que tiene por objetivo recuperar sus empleos.

A nueve meses del decreto de extinción de LFC, las tareas de las familiares de los ex electricistas se multiplicaron, pues sumaron a su labor en el hogar su participación en la protesta social y en la economía informal.

“Conseguimos un empleo para allegarnos un ingreso mi hija y yo, tenemos un puesto de tacos, esquimos y papas fritas. Otras compañeras hacen tortillas, pan y postres para vender”, señaló en entrevista, Norma Carrillo, esposa de Marco Antonio Olvera, quien permaneció 35 días en huelga de hambre en el Zócalo capitalino.

Además de integrarse al trabajo informal, en el que se ocupan 12.6 millones de personas en México, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, las amas de casa, que hasta hace nueve meses desconocían de movimientos sociales, hoy demandan en la vía pública la reivindicación de los derechos laborales de las y los ex trabajadores despedidos “injustificadamente” de LFC.

Modesta Hernández, originaria de Necaxa, Puebla, es ejemplo claro de esta realidad. En entrevista dijo que por defender el empleo de sus esposos, las mujeres de su comunidad están “dispuestas a dar la vida”.

La razón es simple: “Si con la muerte le regresan el trabajo a mi esposo, doy la vida para que a mis hijos no les faltea nada y tengan un buen porvenir”, afirma Modesta, convencida de que la liquidación de su esposo no es una opción a considerar.

Al igual que las Mujeres de Luz, las ex trabajadoras de la extinta compañía estatal, que actualmente representan 10 por ciento del gremio en resistencia, se unieron a las movilizaciones, al ayuno indefinido y al comercio informal, pues muchas de ellas, son madres solteras.

Cumplir con la resistencia, la vendimia en las calles y sindicatos, sin descuidar el trabajo en el hogar, “es complicado, pero necesario”, aseveró Sandra González, que también trabajó para la desaparecida compañía. Tras el decreto emitido por Felipe Calderón Hinojosa “tuvimos que buscar la manera de resistir”, afirma la mujer, que después de haber laborado seis años en el área de recursos materiales de LFC, ahora vende postres, frituras y cosméticos al personal agremiado a sindicatos solidarios con el SME.

“No nos interesa pedir regalado, queremos trabajar, aunque sea informalmente”, sostiene Sandra. Ha solicitado empleo en empresas como DHL, Walmart y Bonafont sin éxito. “Me dicen que estoy capacitada para el puesto, pero por ser del SME no pueden contratarme”, señala.

Pese a la adversidad “ya busqué la manera de salir adelante, para que a mis dos hijos no les falte nada”, menciona, preocupada porque en diciembre próximo culmina la extensión del seguro médico para quienes laboraron en la compañía.

El servicio médico gratuito para el gremio electricista hasta diciembre de este año, fue un logro que se obtuvo mediante la huelga de hambre que en noviembre pasado sostuvieron diez mujeres electricistas por 17 días.

Mónica Jiménez fue una de las huelguistas que en 2009 abrieron las puertas al SME para discutir una solución al conflicto con Fernando Gómez Mont, que entonces estaba al frente de la Secretaría de Gobernación. El diálogo que se estableció fue una “simulación” por parte de las autoridades.

A las mujeres que decidieron ayunar indefinidamente para recuperar sus empleos, a finales del año anterior, se sumaron 13 más, el 3 de mayo y 2 de julio pasados.

“Llegamos dispuestas a todo, convencidas de que con la resistencia vamos a recuperar nuestro empleo que nos arrebataron”, refirió Carolina Cortés, que estuvo en huelga de hambre 71 días.

Huelguistas, ex trabajadoras, ex trabajadores y sus esposas y familias, después de meses de “desgaste físico y emocional” y de que Cayetano Cabrera y Miguel Ángel Ibarra sostuvieron un ayuno de 88 y 86 días, respectivamente, el pasado 22 de julio levantaron la huelga a cambio de una negociación política que solucione el conflicto.

Gobernación se comprometió, junto con la Secretaría del Trabajo, a reconocer la figura jurídica del SME e instalar una mesa de negociación “de alto nivel”, que el próximo lunes comenzará a estudiar la posibilidad de que las y los trabajadores no liquidados suministren el servicio de energía eléctrica en el centro del país.

A decir del abogado laboral Carlos de Buen, el reconocimiento de la directiva del sindicato es positiva y muestra de que la dependencia federal tuvo voluntad política para que se levantara la huelga de hambre, pero es muy pronto para señalar si tendrá la misma voluntad para solucionar el conflicto.

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Sindicato Mexicano de Electricistas