En la igualdad, justicia y moral, amor a la patria es no permitir que se llegara a lo que ha hecho el ingeniero Cayetano Cabrera, que atenta contra su salud ante la injusticia de la extinción de su trabajo, o la suplica de justicia a los hombres de Atenco que pasaron cuatro años encerrados.
Amor a la patria, en México, es el suplicio de aquel héroe anónimo que mira pasar las horas tirado en el suelo como mortaja, sin más ambición que recuperar con dignidad el trabajo arrebatado. Y de los otros, muy ajenos, en su propia conveniencia política o económica. Ellos no miran que la patria es gente y quien ama a la patria somos de carne y hueso.
Va pues mi solidaridad con Cayetano, un hombre en un acto desesperado, que no es visto por estas anónimas autoridades. Y que él si sabe qué es su amor a la patria.
María Isabel Galván Rocha

















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